Tomismo para la nueva evangelización

0 comments

Posted on 17th marzo 2011 by admin in Filosofía

,

Extracto de ¿Qué está pasando con la filosofía tomista? de Jordi Girau. CEU Ediciones 2011. Aquí puede descargar el e-book.

Portada de ¿Qué está pasando con la filosofía tomista?

Entiendo que la profesión de la filosofía tomista, tal como la hemos visto hasta ahora, es un elemento capital para la evangelización de nuestro mundo contemporáneo, especialmente de sus intelectuales y filósofos. Obviamente esta filosofía no es el contenido del kerigma cristiano, pero sí que es un indispensable y poderoso testimonio de fidelidad a la verdad, tal como nos la presenta la Iglesia, en cuanto que es una filosofía cristiana y una filosofía muy recomendada -la que más- por los Pastores en el ejercicio de su Magisterio. Por esa doble condición de cristiana y eclesial, testifica el poder de Cristo para promover y potenciar la razón humana, incluso en su uso natural, y la fidelidad de su Iglesia: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.”

Pretender la conversión de la humanidad mediante cualquier filosofía –incluida la tomista– sería un error enorme. La fe es únicamente fruto –por fuera– de la proclamación y del testimonio de la Iglesia y –por dentro del corazón del hombre– de la gracia del Espíritu, impetrada por la intercesión y merecida mediante la expiación. Ya antes he dicho que esa filosofía puramente racional compatible con la fe –que la Iglesia viene incorporando desde hace siglos a sus programas de formación sacerdotal y especialmente a partir del Concilio de Trento– vale para hacer filósofos a los cristianos, no para hacer cristianos a los filósofos. La evangelización trascurre por otros caminos: En cuanto tal, el filósofo tomista –y el filósofo cristiano en general, sea cual sea su modalidad o escuela– no proclama el kerigma al profesar su filosofía. Podrá hacerlo en cuanto fiel cristiano, no en cuanto filósofo. Pero el tomista –que aporta ese testimonio de amor a la verdad, también en su modo racional– le añade además el testimonio de fidelidad a la Iglesia por fidelidad a Cristo.

Creo que el punto de vista expresamente cristiano y eclesial de nuestra propuesta es el que mejor puede servir a los filósofos cristianos -laicos o sacerdotes- para ejercer la inaplazable e indelegable misión evangelizadora: Permite un diálogo sincero con los interlocutores, nos ofrece ocasión de “dar razón de nuestra esperanza” y, al “destapar nuestro juego” –no disimular nuestra cosmovisión, nuestros presupuestos– les invita a plantearse siquiera cuáles son sus presupuestos y planteamientos profundos, por no decir sus prejuicios ocultos o inconscientemente reprimidos. Además, a nosotros mismos que la profesamos, nos compromete y ayuda a la coherencia no sólo intelectual sino vital.

Antes he escrito que la filosofía pura surgida en el renacimiento humanista es un instrumento de diálogo con los pensadores no creyentes. Ahora debo subrayar que dicho diálogo, si no tuviese una finalidad intrínsecamente evangelizadora, no nos resultaría siquiera lícito a los cristianos: “Ora comáis ora bebáis, hacedlo todo para gloria de Dios”. Por eso sostengo que se debe preferir una filosofía explícita e indisimulablemente cristiana, como es la de santo Tomás de Aquino.